Cada minuto, se vende un millón de botellas de plástico en todo el mundo y sólo 1 de cada 5 se recicla. En 2018, la producción global de plásticos fue de 359 millones de toneladas, un peso similar al aproximado de la población mundial. Un estudio del FEM (Foro Económico Mundial) revela que sólo el 20% del plástico que se genera en el mundo es reciclado. Esto provoca que alrededor de 10 millones de toneladas de residuos plásticos acaben en los océanos cada año. Llegan por vía fluvial y se concentran en los grandes ríos del mundo y sus principales afluentes. Si los datos se mantienen, los océanos contendrían más plástico que peces en 2050 según datos de la ONU, la cual ha calificado ya este tipo de contaminación como "catástrofe ambiental mundial" y ha hecho un llamamiento para acabar con el "uso excesivo y el aumento del consumo de plásticos de un solo uso". Estos residuos plásticos que se encuentran en los océanos acaban convirtiéndose en micro-plásticos debido a su degradación, y los animales marinos los consumen al confundirlos con comida, pasando de esta manera a nuestra cadena alimentaria. La presencia de plásticos en los océanos, ya sea en su versión íntegra o en forma de micro-plásticos, provoca cada año la muerte de alrededor de 100.000 especies marinas, según los cálculos de la ONU. Además de estar presentes en océanos y en la tierra, los micro-plásticos entran en los seres vivos a través del aire, alimentos y bebidas. Según un estudio solicitado por WWF y realizado por la Universidad de Newcastle, los seres humanos consumimos aproximadamente 21 gramos de microplásticos al mes, esto es el equivalente a una tarjeta de crédito a la semana. Por tanto, resulta cada vez más evidente que necesitamos un cambio radical en nuestros hábitos de consumo, especialmente respecto a los plásticos de un sólo uso, para evitar residuos innecesarios, reutilizar y reusar al máximo, y en definitiva aplicar la economía circular y abandonar la lineal actual. Para abordar esta problématica, proponemos concienciar, capacitar y empoderar a la juventud para que entiendan la importancia de consumir de una forma más sostenible y responsable, además de darles las herramientas, formación y apoyo necesarios para iniciar sus propios proyectos de emprendimiento medioambiental relacionados con la transformación de residuos, especialmente plásticos. Así, se consiguen mejorar las necesidades no cubiertas de muchos jóvenes incapaces de independizarse por falta de empleos dignos, capacitándoles para poder iniciar sus propios negocios relacionados con la transformación de residuos, y se colabora en la necesaria transición hacia la economía circular. En consecuencia, los objetivos específicos del proyecto son: 1. Potenciar el espíritu emprendedor de las personas participantes a través de proyectos medioambientales. 2. Empoderar a las participantes con la formación necesaria (teoría, herramientas, técnicas...) que les permita iniciar proyectos de trasnformación de residuos. 3. Dotar a las participantes de las competencias y capacitación sobre emprendimiento que les permita desarrollar sus propios negocios sostenibles. 4. Difundir alternativas economícas sostenibles que fomentan un estilo de vida saludable y un consumo responsable. 5. Concienciar a las participantes sobre los efectos de nuestros hábitos de consumo y vida actuales a través de espacios de reflexión y debate. 6. Promover programas europeos como Erasmus+ o Jóvenes Emprendedores dando un especial enfoque al desarrollo de iniciativas juveniles. Para cumplirlos se realizaron una equilibrada combinación de sesiones más teóricas, en las que se ayudó a entender la problemática profundizando en las consecuencias de las actuales formas de construcción de viviendas y hábitos de consumo; con otras sesiones de debate abierto en las que reflexionaron acerca de la sostenibilidad y el futuro del Planeta; con sesiones más prácticas en las que realizaron sus propias estructuras de bioconstrucción. Todas las actividades fueron basadas en metodologías de educación no formal.