La pandemia del COVID-19 afectó enormemente la salud mental de adolescentes y jóvenes. De hecho, durante el II Congreso Digital de la Asociación Española de Pediatría (AEP) celebrado en junio de 2021, los especialistas alertaron sobre cómo este impacto empieza a saturar las consultas, ya que se han duplicado las urgencias psiquiátricas infantiles, los trastornos de conducta alimentaria —que son cada vez más graves—, los casos de ansiedad, trastornos obsesivo compulsivos, depresión y las autolesiones e intentos de suicidio en adolescentes. También ha incrementado la violencia sobre los menores, el maltrato y los abusos; y se ha disparado el consumo de pantallas en niños y jóvenes. En Estados Unidos, una investigación realizada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) reveló que una cuarta parte de los jóvenes estadounidenses con edades comprendidas entre los 18 y los 24 años cotempló el suicidio durante el periodo de confinamiento y, en Austria, se realizaron estudios similares que coinciden también en señalar una alta prevalencia de trastornos mentales un año después del inicio de la pandemia. Así, los síntomas depresivos, de ansiedad, insomnio y trastornos de la alimentación fueron significativamente más altos en 2021 que antes y al principio de la covid-19. Y aproximadamente un tercio de los adolescentes informó de pensamientos suicidas. En línea con lo anterior, UNICEF alerta de que, si bien los jóvenes no son el rostro de la pandemia ya que, por norma general, la infección por SARS-CoV-2 suelen cursarla de forma leve e incluso asintomática, estos podrían convertirse en las mayores víctimas debido al impacto en su salud mental debido a que, tal y como explican muchos expertos, para muchos jóvenes resulta muy complicado expresar sus sentimientos más allá de descripciones demasiado generales como el enfado o la tristeza. Este fue precisamente el punto de partida de este proyecto que buscó dotar a los jóvenes de herramientas que les permitieran expresar sus emociones a través del arte, contribuyendo de esa manera a su educación emocional. En este sentido, entendemos la educación emocional como un proceso educativo, continuo y permanente, que tiene como objetivo promover el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo humano, con el fin de capacitarlas para la vida y con el fin de incrementar el bienestar personal y social. En el marco de las políticas de juventud, la educación emocional implica la toma de conciencia de uno mismo, de la gestión de los procesos internos antes de que se vuelvan externos, y la formación de habilidades sociales, autonomía y capacidad para generar bienestar en uno mismo y en el entorno. Se trata de aplicar este conocimiento para tomar decisiones en la vida y promover la transición a la edad adulta. Con este planteamiento, el objetivo prioritario del proyecto fue "favorecer la expresión emocional de los jóvenes como método para mejorar su salud mental". Junto a este, hubo otros objetivos entre los que destacaron: - promover la inclusión de los jóvenes europeos, independientemente de sus diversas realidades, - promover los valores europeos, - promover la participación juvenil activa, - desarrollar conocimientos, competencias y aptitudes que facilitaran el crecimiento personal y el empoderamiento de los jóvenes, - proporcionar herramientas para el aprendizaje inclusivo, la cooperación y el intercambio intercultural, - fomentar que los jóvenes participaran en actividades de educación no formal y que se reconociera su aprendizaje en el certificado Youthpass, y - generar un cambio positivo en los participantes, en el entorno y en los beneficiarios indirectos. El proyecto "ExpressART - Expressing emotions through ART" ha estado estrechamente relacionado con dos de las prioridades que el programa estableció para los intercambios juveniles: - Desarrollar las capacidades y actitudes de los jóvenes. - Concienciar sobre temas importantes desde el punto de vista social, estimulando así el compromiso con la sociedad y la participación activa. Además, muchas de las entidades implicadas trabajaban con jóvenes con menos oportunidades, por lo que gracias a este proyecto se incidió en otra de las prioridades, concretamente la de "inclusión y diversidad". El diseño del proyecto en su conjunto estuvo pensado desde un enfoque inclusivo, promoviendo la igualdad de oportunidades y acceso, la inclusión, la diversidad y la equidad de todos los jóvenes, independientemente de sus diferentes realidades.